Columna de opinión del académico Dr (c) Gerardo Chandía Garrido, académico de la Escuela de
Psicología de la Universidad Católica del Maule.
A primera vista, el involucramiento paterno, las vacaciones de invierno y la baja en la
natalidad parecen temas sin relación. Sin embargo, todos convergen en una misma pregunta: ¿qué
tan compatible es hoy la crianza con la vida laboral?
Con la llegada de las vacaciones de invierno, miles de padres, madres y otros cuidadores
enfrentan un dilema que se repite cada año. Para muchos es simplemente imposible acompañar a
sus hijos e hijas durante este período, ya que deben continuar trabajando y no cuentan con
permisos ni apoyos suficientes para hacerlo. Como consecuencia, numerosos niños, niñas y
adolescentes pasan largas horas solos en sus hogares, con los riesgos que ello implica: accidentes
domésticos, un uso excesivo de pantallas o una mayor exposición a los peligros del entorno digital.
Esta realidad trasciende el problema puntual de las vacaciones escolares. Refleja una
dificultad estructural para compatibilizar el trabajo con las responsabilidades de cuidado, una
tensión que afecta directamente el bienestar de las familias.
¿Qué relación tiene esto con la baja en la natalidad? Aunque este fenómeno responde a
múltiples causas, económicas, sociales y culturales, resulta pertinente preguntarse: si las nuevas
generaciones observan que criar implica enfrentar constantes dificultades para conciliar el trabajo
y la vida familiar, ¿cuánto influye ello en su decisión de tener hijos/as?
La evidencia científica ha mostrado que los países con mejores políticas de conciliación
entre trabajo y familia tienden a generar condiciones más favorables tanto para el ejercicio de la
parentalidad como para la decisión de formar una familia. En este sentido, promover la natalidad
no depende únicamente de entregar incentivos económicos. También requiere reconocer social y
laboralmente el valor del cuidado.
Ello implica avanzar hacia beneficios concretos para quienes ejercen labores de crianza:
permisos para acompañar a los hijos/as durante las vacaciones escolares sin utilizar las vacaciones
legales, facilidades para asistir a actividades educativas, días administrativos vinculados al cuidado,
permisos frente a enfermedades comunes y otras medidas que permitan una participación más
activa en la vida cotidiana de los niños y niñas.
Estas acciones no solo fortalecen el involucramiento de padres, madres y cuidadores, sino
que también envían una señal clara de que la sociedad valora el cuidado como una
responsabilidad compartida y no exclusivamente privada.
Si como país queremos promover una mayor participación de los padres y madres en la
crianza y, al mismo tiempo, enfrentar el desafío de la baja natalidad, debemos avanzar hacia
políticas laborales que hagan compatible el trabajo con el cuidado. No se trata de beneficios
discrecionales que dependan de la voluntad de cada empleador, sino de derechos respaldados por
la legislación laboral. Cuidar a quienes cuidan no solo beneficia a las familias de hoy; también
constituye una inversión en el desarrollo de las futuras generaciones y en el futuro demográfico
del país.
