La llegada del verano y el uso de climatización cambian la composición del aire que
respiramos en lugares como oficinas, centros comerciales, restaurantes, automóviles y
más. Expertos advierten que el aislamiento prolongado para resguardarnos durante la
temporada estival propiciaría la acumulación de diversos contaminantes, entre ellos
gérmenes como virus, bacterias y hongos, que podrían afectar la salud.


Con las alzas de temperatura y el verano a la vuelta de la esquina,
la preocupación por la calidad del aire suele centrarse en el exterior. Sin embargo, diversos
especialistas advierten que el principal factor de riesgo es el aislamiento que se produce buscando
mantener los ambientes interiores frescos y permaneciendo lo máximo posible en ambientes
climatizados.
«Cuando cerramos ventanas para combatir el calor y usamos sistemas para refrescar ambientes
interiores, como ventiladores o aire acondicionado, podemos estar atrapando y concentrando
contaminantes sin quererlo ni saberlo. El aislamiento del ambiente interior genera microclimas
idóneos para la diseminación de virus, bacterias y hongos. A la vez, los artefactos pueden
acumular y difundir estos contaminantes a través de los flujos de aire que generan”, explica María
Cecilia Guzmán Bistoni, jefa de Inocuidad y Validaciones de Airlife, empresa chilena con más de 25
años de trayectoria, pionera en soluciones de purificación y sanitización de ambientes interiores,
sin químicos.
Esta combinación de calor, contaminación atrapada y partículas en suspensión contribuye a
generar inflamación en las vías aéreas respiratorias, alterando el sistema inmune, favoreciendo el
desarrollo o agravamiento de enfermedades como amigdalitis, asma, alergias y enfermedades
respiratorias obstructivas.


Ante este panorama, la bióloga sugiere tomar medidas activas que eviten «el ingreso,
acumulación, persistencia y establecimiento de contaminantes en ambientes interiores, para lo
cual una herramienta clave es la implementación de sistemas de purificación y sanitización”.
Sin embargo, la experta de Airlife advierte que la elección de estos sistemas debe ser rigurosa y
planificada. A continuación, algunas recomendaciones:
Definir su uso principal: es crucial determinar si el objetivo principal es el control de
microorganismos en el aire, la sanitización de superficies y/o la eliminación de olores. Las
necesidades pueden cambiar si se trata de una oficina, un restaurant, una tienda o un
vehículo, y dependiendo de éstas, puede variar la solución más adecuada.
Adecuación al espacio: se debe tener en cuenta el tamaño y otras características del
espacio interior que se requiere tratar, para asegurar la efectividad del sistema y optimizar
su rendimiento. Un auto familiar o un edificio no tienen las mismas características en
cuánto al área para tratar, ni a los flujos de aire que se producen.

Responsabilidad ambiental y de salud pública: los equipos deben ser libres de sustancias
nocivas y responsables con el medio ambiente, evaluando su gasto energético, nivel de
ruido y si generan o potencian olores indeseados.
Finalmente, María Cecilia Guzmán Bistoni concluye que “implementar un buen plan de limpieza
junto con un sistema de purificación adecuado para nuestros diversos ambientes interiores es
fundamental para que los espacios cumplan su función vital: ser un refugio de aire seguro, puro y
limpio durante los meses más cálidos. De esta forma nos aseguramos de no poner en riesgo
nuestra salud mientras trabajamos, nos relajamos, divertimos, descansamos o nos trasladamos”.

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