Las ciudades no son solo un conjunto de calles, semáforos y edificios; son, ante todo, las historias de quienes las caminaron antes que nosotros. Por esto, instancias como las recientes presentaciones de los libros Historia de Curicó 1890 de Tomás Guevara Silva publicado por Ediciones UCM y Luis Cruz Martínez, a la luz de la verdadde Edmundo Márquez Bretón reeditado por editorial Mataquito, no deben entenderse sólo como simples actos académicos, sino como ejercicios necesarios para conocer y valorar las raíces de nuestra tierra y a las personas que han aportado a nuestra identidad.
En un mundo acelerado y globalizado, donde las pantallas nos conectan con el resto del planeta, pero que a menudo nos desconectan de nuestro entorno cercano, el rescate de la memoria y la historia local se vuelve un acto de supervivencia cultural. Curicó posee una riqueza patrimonial inmensa, tangible e intangible, que corre el riesgo de diluirse si no la cuidamos, ponemos en valor y difundimos a las presentes y futuras generaciones.
Personajes como Luis Cruz Martínez, o los pasajes de nuestra historia agrícola, ferroviaria, social, política y cultural, no pertenecen exclusivamente a las páginas de los manuales escolares ni a los archivos de una biblioteca, constituyen el tejido que le da sentido a nuestra identidad.
Conocer la historia de nuestra provincia no es un ejercicio de nostalgia; es la herramienta más poderosa que tenemos para entender por qué somos como somos hoy y, sobre todo, para decidir hacia dónde queremos caminar con un sello identitario claro y asumido en forma colectiva por todos los habitantes de la provincia.
Cuando un ciudadano —especialmente un joven— camina por la Plaza de Armas, las calles céntricas, la Alameda o el Cerro Condell sabiendo qué ocurrió allí, su relación con el entorno cambia. El espacio público deja de ser un simple lugar de tránsito y se convierte en un territorio con significado. Se genera un sentido de pertenencia que motiva a cuidar la ciudad, exigiendo un desarrollo urbano que cuente con espacios armónicos, bellos y sostenibles que contribuyan a mejorar la calidad de vida de las ciudadanas y de los ciudadanos.
Como Universidad Católica del Maule, institución educacional regional, la más grande en matrícula en el Maule, entendemos que la educación no puede limitarse a las cuatro paredes de un aula, sino que también debe estar presente en los contextos urbanos y rurales donde están insertas las escuelas y colegios.
El desarrollo de una ciudad y de una provincia no se mide sólo en el producto interno bruto, sino en la solidez de su memoria y cómo se hace cargo de cuidar y difundir su patrimonio. Una comunidad que olvida su pasado queda a la deriva; una que lo rescata, lo comprende y lo celebra, construye su futuro sobre roca firme. Esa es la invitación que hacemos desde nuestra Universidad a la comunidad curicana.
Dr. Enrique Muñoz Reyes
Académico de la Facultad de Ciencias de la Educación
Director de Sede Curicó UCM
