Mauricio Zúñiga, docente de la Escuela de Agronomía de la Universidad Católica del Maule, abordó los efectos de una primavera más fría y lluviosa sobre cultivos clave como el cerezo, así como el avance del avellano europeo y el kiwi frente al nuevo escenario del mercado internacional.

Una temporada marcada por contrastes climáticos y cambios en las dinámicas de exportación enfrenta hoy la fruticultura en la Región del Maule. Tras un invierno con acumulaciones de lluvia superiores a periodos recientes —aunque sin sobrepasar de manera significativa los promedios históricos normales—, el inicio de la primavera se ha visto condicionado por temperaturas bajas, días nublados y precipitaciones persistentes.

De acuerdo con Mauricio Zúñiga, académico de la Escuela de Agronomía de la Universidad Católica del Maule (UCM) y especialista en el área de Fruticultura y Nutrición del Suelo, este fenómeno se vincula con la influencia de la corriente marina y patrones meteorológicos que han alterado el comportamiento estacional.

“Estamos viendo una primavera fuera de lo normal, con días fríos, precipitaciones hasta la fecha y proyecciones de que estos eventos puedan continuar hacia el mes de noviembre”, explica el docente, advirtiendo que los ciclos productivos regionales dependen estrechamente de estas variables.

Efectos fisiológicos y sanidad en los huertos

La acumulación de frío invernal y la posterior suma de grados-día y radiación en primavera son factores determinantes para el desarrollo de los frutales. La actual combinación de nubosidad y lluvias tardías no solo retrasa los procesos fisiológicos de las plantas, sino que eleva la exigencia en el manejo de los huertos.

“La presencia de precipitaciones influye de manera muy importante, ya que incrementa la necesidad de controles fitosanitarios y aplicaciones de productos. Asimismo, la menor radiación y la falta de calor provocan demoras en las plantas”, señala Zúñiga.

Un caso especialmente sensible es el del cerezo, cultivo emblemático de la zona central que cuenta con una ventana fenológica y de cosecha reducida en comparación con otros frutales. “Cualquier anomalía genera retrasos o complicaciones. Hoy vemos afectado el calentamiento óptimo del suelo para el crecimiento radicular. Si bien tuvimos una floración que comenzó adelantada, estas últimas semanas con nubosidad y lluvias pueden comprometer su normal evolución”, puntualiza el especialista.

Reconversión productiva y nuevas alternativas

Más allá del factor climático, el sector frutícola regional atraviesa un periodo de redefinición económica. El aumento en la oferta de fruta chilena en los mercados internacionales —con especial protagonismo en China— ha llevado a diversos productores a evaluar la diversificación de sus plantaciones.

En este contexto, especies como el avellano europeo y el kiwi se posicionan como alternativas estratégicas para mitigar riesgos comerciales.

“El mercado hoy es muy distinto al de un par de temporadas atrás. Hay una oferta significativa en el extranjero y por lo mismo se proyecta una reconversión de superficie hacia otras especies. El avellano europeo y el kiwi surgen con fuerza para hacer frente a este nuevo escenario”, comenta el académico de la UCM.

Respecto al avellano europeo (Corylus avellana), Zúñiga destaca su orientación agroindustrial global: “Es un cultivo cuya producción se destina en un 100% a la exportación, principalmente como materia prima para la industria de confitería y productos como cremas de avellana”. Si bien el docente es cauto respecto a si alcanzará los márgenes extraordinarios observados en los periodos de mayor auge del cerezo, subraya su valor estratégico para la matriz productiva regional: “No me atrevería a hablar de un impacto equivalente al auge que tuvo la cereza en su momento, pero sí es una especie viable, consolidada y que permitirá a la región enfrentar con mayor resiliencia el actual escenario de exportación frutícola”.