Entre aromas a mosto y memoria, San Javier dio vida a la inauguración de la Fiesta del Vino Patrimonial de Loncomilla, una celebración donde 27 viñas del valle se reunieron como un gran ensamblaje, reflejando la riqueza de una tierra que ha sabido fermentar su historia con paciencia y orgullo.

La Plaza de Armas se transformó en una verdadera copa abierta al encuentro, recibiendo a autoridades encabezadas por el alcalde Luis Reveliño Alarcón Núñez, junto a la Directora de la Oficina Regional de la UNESCO para América Latina y el Caribe, Esther Kuisch Laroche, representantes del gobierno regional y provincial y concejales de la comuna, quienes brindaron por el valor de una tradición que sigue madurando con el tiempo.

En este contexto, el alcalde destacó el significado de este hito señalando que “estoy muy contento de recibir este reconocimiento que nos entrega la UNESCO, porque nos permite dar a conocer el patrimonio vitivinícola y gastronómico que tiene San Javier”, poniendo en valor el trabajo de generaciones que han cultivado identidad en cada vendimia.

Por su parte, Esther Kuisch Laroche valoró el compromiso del territorio, afirmando que “este es un reconocimiento al trabajo que han hecho y me da mucha alegría ver a los integrantes del ecosistema, comprometidos con la unión de esta red”, resaltando la fuerza colectiva que da cuerpo a esta expresión cultural.

Cada stand fue una cepa distinta: vinos patrimoniales cargados de carácter, relatos familiares guardados en barricas invisibles y sabores que evocan generaciones de trabajo silencioso. La gastronomía local aportó su maridaje perfecto, mientras los emprendimientos y la artesanía dieron cuerpo a una experiencia tan diversa como el propio terroir del Loncomilla.

La música en vivo y los espectáculos artísticos fueron el bouquet de una jornada pensada para todos, donde cada nota y cada aplauso decantaron en un ambiente cálido, familiar y profundamente identitario.

Así, la Fiesta del Vino Patrimonial no solo celebra la vendimia del presente, sino también siembra futuro, posicionando a San Javier como un territorio donde la cultura se cultiva, se cosecha y se comparte, como el mejor de sus vinos.

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